Siempre que trato con hombres del campo pienso en lo mucho que ellos saben y nosotros ignoramos, y en lo poco que a ellos importa conocer cuanto nosotros sabemos.
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miércoles, 1 de julio de 2009
miércoles, 24 de junio de 2009
Proverbio Cree
martes, 2 de junio de 2009
Nuestro árbol, herido de muerte.
Un pequeño escarabajo, el cerambyx cerdo, está acabando con el árbol más emblemático de la Península: la encina. Mientras el animalito se merienda lentamente la mayor parte de Castilla y León, los políticos debaten acerca de su inexplicable estatus de animal protegido por peligro de extinción, reconocimiento honorífico que impuso la UE a todos los países miembros porque el bichejo comenzaba a escasear en los frondosos bosques escandinavos. El PP, muy dado a bajar la cerviz con los de Bruselas, prefiere hacer la vista gorda, mientras que el resto de partidos claman al cielo para que el escarabajo sea descatalogado como especie en peligro, al menos en la Península Ibérica, y comenzar a utilizar venenos contra la plaga. A día de hoy sigue estando prohibido combatir al cerambyx.
Habría que recordar a esos políticos pasivos la importancia real y simbólica que tiene para nosotros la encina, base de la alimentación del cerdo ibérico y del ganado ovino y bovino. Que la calidad de su madera y de su carbón son excepcionales o del cobijo que proporciona a numerosísimos animales.
También deberían saber que la encina, junto con el roble, fue el árbol sagrado en la vieja Iberia y en gran parte del Mediterráneo. Que recibió culto celtíbero, pueblo que incluso dictaminó leyes para la protección de encinares y carrascales. Que fue testigo de ritos ancestrales y reuniones comunales bajo su sombra en un sinfín de lugares. Que su corteza, raíces, flores y bellotas fueron y son utilizadas como remedio medicinal para hacer astringentes de múltiples aplicaciones: heridas, llagas, diarreas, sabañones, catarros... O que es símbolo y emblema en cientos de pueblos, regiones y concejos, desde el sur de Portugal hasta Cantabria.
También deberían saber que la encina, junto con el roble, fue el árbol sagrado en la vieja Iberia y en gran parte del Mediterráneo. Que recibió culto celtíbero, pueblo que incluso dictaminó leyes para la protección de encinares y carrascales. Que fue testigo de ritos ancestrales y reuniones comunales bajo su sombra en un sinfín de lugares. Que su corteza, raíces, flores y bellotas fueron y son utilizadas como remedio medicinal para hacer astringentes de múltiples aplicaciones: heridas, llagas, diarreas, sabañones, catarros... O que es símbolo y emblema en cientos de pueblos, regiones y concejos, desde el sur de Portugal hasta Cantabria.
¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?
Antonio Machado
jueves, 12 de febrero de 2009
Energía telúrica en Soria
Considerado uno de los chakras de la Península Ibérica, el Cañón del Río Lobos forma parte de esos lugares misteriosos de la Iberia oculta, como Montserrat o Santiago de Compostela.De paisaje arisco y duro, la naturaleza y el tiempo han horadado pacientemente a lo largo de los siglos 25 kilómetros de piedra caliza en las estribaciones de la Cordillera Ibérica y en la alta meseta del Duero, creando formas caprichosas, socavadas por numerosas cuevas y ríos subterráneos. El Cañón fue habitado desde el Paleolítico Medio y sobre todo durante la Edad del Bronce y del Hierro. Fue declarado Parque Natural en 1985.
En su epicentro se encuentra una humilde y enigmática ermita románica del siglo XII, San Bartolomé de Ucero, vinculada a la Orden del Temple. Considerado desde antaño un lugar mágico, la ermita está asombrosamente equidistante de los dos cabos más extremos de la península: el de Creus al Este y el de Finisterre al Oeste, marcando una distancia exacta de 532 kilómetros entre un punto y otro, confirmando los amplios conocimientos cartográficos, geodésicos y topográficos que debieron tener los Caballeros Templarios de la Baja Edad Media.
Para el investigador Ángel Almazán, esta ermita se encuentra en uno de los "centros del mundo" más misteriosos de Europa: Con todo el telurismo y el simbolismo necesario para que el Espíritu atravesara el cuerpo y el alma de los Adeptos.
Sin duda es una ermita peculiar, en su rosetón aparece una cruz de cinco puntas (en realidad un enigmático pentáculo entrelazado, llamado Sello de Salomón) pero invertida, es decir, con el vértice para abajo.
martes, 20 de enero de 2009
Llega Obama
Le dejo una gran frase que pronunció uno de sus antecesores, Theodore Roosevelt:
Una nación digna entrega a la generación futura su naturaleza engrandecida, no esquilmada de valor.
Qué envidia haber tenido a un tipo así como presidente. En España las generaciones venideras tendrán que buscar la naturaleza en los jardines de Marina d'Or. Somos así.
Una nación digna entrega a la generación futura su naturaleza engrandecida, no esquilmada de valor.
Qué envidia haber tenido a un tipo así como presidente. En España las generaciones venideras tendrán que buscar la naturaleza en los jardines de Marina d'Or. Somos así.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Wu wei y agricultura ecológica
Masanobu Fukuoka, agricultor y microbiólogo japonés. Mundialmente famoso por su curiosa propuesta agrícola, el llamdo Método Fukuoka.A los 25 años comenzó a dudar de la agronomía moderna. Guiado por su intuición, decidió buscar un método de cultivo que protegiese las características de la tierra y eliminase trabajos innecesarios. Dejó su trabajo como científico de investigación y volvió a su granja familiar para cultivar naranjas. Desde entonces dedicó su vida a desarrollar su peculiar sistema de cultivo orgánico.
La esencia del método de Fukuoka es reproducir las condiciones naturales tan fielmente como sea posible, de modo que el suelo se enriquezca progresivamente y la calidad de los alimentos cultivados aumente sin ningún esfuerzo añadido.
Sus principios de trabajo se basan en la filosofía Zen del no hacer (Wu Wei), buscando el dar y esperar y no el tan occidental exigir y explotar hasta el agotamiento. Aparte del radical rechazo al uso de pesticidas, abonos y fertilizantes (incluso al acto de arar la tierra), su sistema destaca por la invención del Nendo dango, unas bolas de arcilla donde se introducen las semillas, quedando protegidas del tiempo y los animales hasta la llegada de las primeras lluvias.
La eficacia de su sistema ha quedado demostrada en la increíble calidad de los cultivos (el gobierno japonés le ofreció comprar la patente de su sistema para el cultivo del arroz sin inundación. Fukuoka rechazó la oferta) y en la asombrosa capacidad de reforestación con los Nendo dango.
La agricultura tiene todo lo necesario para hacer feliz al ser humano y desarrollar su potencial interior.
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